jueves, 19 de agosto de 2010

No te puedo perder...


















Cristina es una chica especial. Cuando la conocí, su cuerpo transmitía luz, reflejaba fuerza y a la vez ternura. Había superado el casting para ser reportera de televisión en el programa “Directo a la noche” de Telemadrid, que yo subdirigía. En ese duro y estresante trabajo nació nuestra bonita amistad.

Cristina Serrato es una “artista”. Cuando enciendo la televisión la encuentro en todas partes: en anuncios, en diversos papeles de series de gran audiencia, como Hospital Central, Yo Soy Bea, El Comisario, El Síndrome de Ulises… También ha hecho teatro, cortos, ha posado para portadas de discos, es modelo… la lista es interminable. Yo sé que muy pronto hará el papel estelar de su vida y... ¡eclipsará el cielo y la tierra!



Cristina también es bailarina y cantante de ópera y zarzuela. Recientemente acompaña al micrófono a Agustín Galiana formando “ The Garbo”, un grupo musical con una estética años 20 y una propuesta musical que fusiona diversos estilos.


Y el pasado sábado 26 de junio presentaron su primer álbum en la sala Galileo Galilei de Madrid. Fue un gran éxito. Yo asistí con un amigo común, Santiago, también reportero y compañero del programa “Directo a la noche”. Nos gustó el concierto y al final aplaudimos como locos, casi nos dolían las manos…


“Le secret de ma mère! es el nombre de este álbum de “The Garbo y contiene 12 temas musicales, que son interpretados alternando tres idiomas, inglés, francés y castellano. La puesta en escena es realmente original, y hace gala de una gran elegancia y sensualidad, sin perder la sencillez escénica. El ambiente melancólico te envuelve, te hipnotiza…

La noche acabó en un restaurante cercano, donde fuimos a picar algo con unos amigos de Cristina. Conversamos de todo un poco, de lo divino y de lo humano, y una de las primeras cosas que Cristina me dijo fue: “la vida es esto, es este instante. No malgastemos la vida pensando en lo que haremos, en lo que queremos ser… disfrutemos el momento”. ¡Gran afirmación! Aún tengo colgada en la puerta de mi nevera la carta que me escribió Cristina nada más acabar el programa de Telemadrid. En ella me decía: “En este ciclo de mi vida has sido importante para que yo pueda creer en mí. Si no hubiera sido por tu humanidad y comprensión, muchos hubiéramos caído en la desesperación… He aprendido mucho profesionalmente, crecido humanamente y sobretodo, conocido personas maravillosas que se quedan en mi recuerdo para siempre, entre ellas tú. Ojalá que volvamos a encontrarnos por esta aventura de la tele… en un clima de solidaridad, unión y felicidad como el que tú si has sabido transmitir”.

Cristina, eres grande. Sabia. Un amor. Gracias. Te quiero, lo sabes.

sábado, 14 de agosto de 2010

Doctor... ¡no quiero ser coja!














Me he quedado coja. Si. Tengo la pierna derecha 1,7 centímetros más corta que la pierna izquierda. Con lo cual, ando torcida y desgarbada.

Siete meses después de haberme roto la cabeza del fémur, el traumatólogo me ha confirmado esta “cruel realidad”. ¡Sólo me faltaba esto! Y no es que sea un mal gravísimo, no. Lo que pasa es que… no quiero ser coja. Y si no soluciono el problema con rapidez, esta mala postura al andar me producirá desviaciones en la cadera y en la columna vertebral.


La visita con el doctor Truan, que me atiende desde hace ya años, la calificaría de “curiosa”. Llegué muy animada, convencida de que pronto podrían implantarme una prótesis de cadera para alargarme la pierna.


El médico, al estudiar las radiografías y calcular la diferencia de longitud entre una pierna y otra, exclamó: “es la primera vez en mi carrera que después de una rotura de cabeza de fémur veo que haya quedado tanta desigualdad entre las dos extremidades”, a lo que respondí: “si es que soy una joya, lo pillo todo”. “Que raro, que raro…” musitaba el doctor.


Yo insistía en que me operara, que me implantara la prótesis, pero me explicó que es una operación muy complicada y delicada, y que sólo la hacen con personas mayores. Además, tiene una vida de unos 12 ó 15 años, a lo que contesté: “no pasa nada, yo me muevo por los quirófanos como Pedro por su casa. Me vuelves a operar y me pones una nueva.” Pero él, tajante, me dijo: “No, no me vas a convencer.”


“Doctor…”
“¿Si?”, contestó.
“No quiero ser coja” le espeté.
A lo que cariñosamente me dijo: “Ya lo se. Mira, te pones unas alzas y estarás preciosa, ya lo verás. Además, sería más fácil cortarte la pierna izquierda que alargarte la derecha.”
Los dos sonreímos… aunque no me hubiera importado ser un poco más baja.

Los zapateros estarán encantados conmigo. He empezado a poner alzas en mis zapatos y no sale nada barato. Ahora, sólo queda que mi cuerpo se adapte a andar con ellos, porque entre tanta inmovilización, las muletas y caminando coja, mi cuerpo se ha viciado, y no acabo de andar erguida. Pero todo se andará, y nunca mejor dicho.


viernes, 6 de agosto de 2010

Amigas generosas






Con Beatriz Trapote habíamos quedado para tomar un café la semana que, precipitadamente, marchó a “Supervivientes, Perdidos en Nicaragua”, y naturalmente, tuvimos que posponer la cita para el regreso.

Bea y yo somos buenas amigas desde hace años y la quiero mucho. Es muy buena persona y tiene buen corazón. Tiene personalidad, un carácter fuerte y es muy segura de sí misma.

En las primeras emisiones de los programas del reality de T5 no podía soportar cuando la veía llorar o angustiada, y le dejaba mensajes de ánimo o apoyo en su e-mail personal o en el facebook para que los leyera a la vuelta. Es lo que creo que hacen las buenas amigas.

Cuando fue expulsada y volvió a España, la llamé. Charlamos como dos cotorras, y nos dimos cuenta que debíamos quedar a comer, porque sino saldría humo del teléfono.

Nos citamos cerca de T5. Ante un plato de ensalada y un gazpacho, hablamos de millones de cosas, entre saludo y saludo a compañeros de la cadena. Por supuesto, Bea no olvidó, como siempre, preocuparse por mi estado de salud, aunque dijo que mi aspecto era inmejorable.

Beatriz Trapote quería pedirme un favor. Me explicó que una amiga de Malena Gracia estaba ahora pasando por un cáncer y que sería reconfortante que pudiéramos conocernos. Bea sabe muy bien que las que hemos pasado por esta enfermedad somos grandes consejeras para las que lo están sufriendo. Y ella quería poner su granito de arena. Le dije que si, sin dudarlo, y se puso manos a la obra. No perdió ni un segundo… y organizó una cena para el día siguiente.

Y allí estábamos sentados a la mesa Bea, Malena, Yolanda, un encanto de mujer que acaba de recibir quimioterapia y radioterapia, su esposo y yo. Cenamos en el restaurante “por excelencia de Madrid” Lucio.

Por cierto, Lucio, que nos atendió como siempre de maravilla, sigue jugando todas las noches su partidita de cartas con sus amigos en el local con el puro en los labios, no sin antes, habernos contado unos cuantos chistes y anécdotas. Nos aseguró que si su local estuviera en Marbella, Michelle Obama seguro que hubiera ido a probar sus huevos estrellados ¡Quién tuviera su energía a su edad!

Y en nuestra mesa, la cena se alargó hasta la madrugada, y luego, todavía nos dimos un buen "bailoteo" en una discoteca cercana. Yolanda es una mujer que lleva bastante bien su enfermedad. “Los días que estás mal físicamente, sabes que tienes que pasarlos. No hay más. Lo aguantas lo mejor que puedes y ya está” nos explicó. “Lo que llevo mal” continuó “son los problemas psicológicos”. “Qué quieres decir” le pregunté. “Pues que muchos días no puedo hacer nada, ni dormir, ni leer, ni ver la tele, ni estar tumbada en el sofá, ni nada de nada… lo paso fatal”.

Durante la cena hablamos sobre el cáncer… Malena también vive de cerca esta enfermedad en un familiar directo. Pero también hablamos de la vida, de nosotras, de uñas postizas, de la comida, de la amistad, de la isla, de Víctor… No hablamos de Rafa Mora ni de la Legionaria.

Yolanda me pareció una mujer muy luchadora. Me gustó cuando dijo: “al diagnosticarme la enfermedad, tenía claro que no podía morirme… es que tengo dos hijas y no las podía dejar solas.” Su expresión y mirada reflejaban una gran ilusión por vivir. Y lo conseguirá. Pienso que no hay nada más importante en la lucha contra el cáncer que tener pensamientos positivos, fuerza y esperanza. Y ayuda, en este caso, de un marido especial, y de amigas tan cariñosas, tiernas y generosas como Malena y Beatriz. ¡Besos para ellas!

lunes, 21 de junio de 2010

De nuevo, miedo en el cuerpo


















Dulós:
Es increíble cómo pasan de rápido los meses cuando uno desea que lo hagan despacio, y lo lentos que discurren cuando uno ansía que vuelen. Ya he superado con éxito dos revisiones de cáncer, y de nuevo me toca pasar por el “preceptivo examen”, al que yo llamo con cierto sentido del humor pasar la itv. Tres meses entre revisión y revisión son muy pocos, y entre que vas a la cita con el médico, te encarga las pruebas, te las haces, te dan los resultados y vuelves a ver al médico… ya has perdido un tiempo valioso que hace que de los tres meses sólo disfrutes de dos sin visitar hospitales y consultas. Ahora estoy en la plena tercera revisión, y otra vez mi cuerpo y mi cerebro están en estado de alerta, de nerviosismo y de angustia. Me cuesta dormir. Y aunque intento controlarme, en algunas ocasiones mi humor me traiciona. Me esfuerzo por pensar y creer que todo saldrá bien, pero sé que las posibilidades de recaer durante el primer año son elevadas. Esa idea martillea mi cabeza constantemente. Es inevitable. Aún así, me levanto a una hora razonable, me arreglo, peino lo mejor que puedo mis complicados cabellos –rizadísimos como secuela de la quimioterapia-, me alimento bien… y acudo a las pruebas médicas con la sonrisa en los labios…


De momento, me han encargado análisis de sangre, una colonoscopia –para controlar el cáncer de colon- y tengo pendiente una cita con la oncóloga, que me encargará una ecografía mamaria y otra abdominal para descartar un cáncer de mama o cualquier otro.

La colonoscopia es especialmente desagradable. Debes seguir un régimen estricto tres días antes de la prueba –hasta aquí todo bien-, pero el día antes sólo puedes ingerir líquidos y un "brebaje" que te vacía completamente los intestinos. ¡Te pasas la noche en el lavabo, con un dolor de tripa impresionante! Además, debes guardar ayun0 total durante 8 horas. Es un auténtico calvario. Mi doctor, Juan Gómez Durán, aunque sólo me ve una vez al año, siempre se acuerda perfectamente de mi historial clínico, algo que los pacientes agradecemos muchísimo. Es una eminencia en su campo: especialista en aparato digestivo. Hace poco recibió una distinción de manos de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre.
En junio también coincide la revisión semestral del ginecólogo. La pastilla diaria que tomo de tamoxifeno que evita mi recaída en el cáncer de mama, sin embargo, puede provocar cáncer de endometrio -mucosa que cubre el interior del útero-. ¡Prueba superada! Mi ginecólogo, el doctor Manuel García Marcos, tan cariñoso y amable como siempre, me ha asegurado que estoy fenomenal y que aunque tengo dos miomas en la matriz (uno de 4 cms de diámetro), “si a mí no me preocupan nada, a ti te deben preocupar menos”. Con una amplia sonrisa me despedí de él, y quedamos en volver a vernos en enero.

Otro de los médicos que también he visitado es el doctor Martínez Murillo, mi cirujano plástico. Por cierto… si vamos sumando doctores a los que visito cada tres meses… son muchos, ¿verdad? En el fondo, creo que morir, no moriré por ahora, porque controlada, ¡estoy controladísima!

Hece ya un año y medio que estoy en sus sus manos, y me siento contenta por haberme convertido de nuevo en mujer. Pero hoy, yo tenía una queja. Lo primero que le dije fue:

- “Doctor, un pezón mira hacia Cuenca, y el otro hacia Badajoz…”
El médico examinó mis pechos y pezones, y me explicó:
- “Las prótesis no ocupan el mismo espacio en el interior de tu pecho. Una está más expandida que la otra. Cada día tienes que presionar tu mama izquierda para lograrlo. Si en 4 meses no lo conseguimos, habrá que operar, y abrirle más espacio”.
Cada noche, ante el espejo, una y otra y otra vez, oprimo con fuerza mi mama izquierda… Son muchas las secuelas físicas que te deja el cáncer, pero no esperaba una de este tipo. Aprieto mi pecho, y me lo tomo como un divertimento mientras escucho música…

He sumado ya muchos médicos. Cuando vuelva a escribir, el total habrá aumentado. Confío en que todas las pruebas salgan bien. Necesito creerlo. Por mi, por mi vida…













viernes, 18 de junio de 2010

Como una gacela...


Dulós:
“Un dos, un dos, arriba, abajo, un, dos…” Cinco meses después del fatal accidente en el que me rompí la cabeza del fémur, por fin el traumatólogo me ha dado una buena noticia: “El hueso se ha pegado completamente. Ya puedes empezar la rehabilitación para aprender a andar de nuevo”. Hace un par de meses que ya me muevo con una sola muleta, que me hace la vida un poco más llevadera. Pero la pierna afectada no tiene ni estabilidad ni fuerza, y sin ese apoyo, me es imposible caminar. “Porque lo que ahora tienes es atrofia muscular, en el muslo y en el glúteo, por culpa de mantener la zona inactiva durante tantos meses”, me comentó el doctor. Antes de despedirme, el médico me “recordó” que todavía no había llegado el momento de tirar cohetes en cuanto a mi fémur. “Aunque el hueso se ha pegado, ahora hay que controlar que las venas que corren en su interior se conecten de lado a lado. Hay peligro de que no lo hagan y el hueso se necrose”, me exlica el traumatólogo. En dos meses quedamos citados de nuevo. En ese momento me vinieron a la mente las palabras que me dijeron al anunciarme la rotura: “¿le han dicho que ha sufrido una fractura muy grave?”. Por supuesto que lo he comprendido, que es grave, lenta y dolorosa de curar.

Aquí estoy todos los días a las siete de la tarde en el Hospital de Madrid Montepríncipe reeducando mi pierna derecha. Lo sencillo que es tener un accidente, y lo mucho que cuesta recuperarte. Por fortuna tengo un fisioterapeuta que, además de simpático, es un gran profesional. Con los masajes de Álex llego al punto justo del inicio del dolor. No fuerza la pierna, pero si hace trabajar mucho mis músculos. En dos semanas mis progresos han sido espectaculares.

Los enfermos y cuidadores que acudimos a diario a la sala de rehabilitación del Hospital formamos como una pequeña familia, o eso al menos es la impresión que tuve desde el primer día. Todos estamos más o menos “lisiados”, y por eso nos sentimos unidos luchando contra un mismo enemigo: el dolor. No hablas con todos, pero a veces sólo una mirada, una sonrisa o un “¿Qué tal?” dice muchas más cosas que una palabras.

No todos los días tengo el mismo optimismo. Aunque sigo siendo la Dulós animada de siempre, alguna tarde llego con humor de perros. Un día conocí a Miguel Ángel, mi vecino de camilla. Le estaba contando las desgracias de mi vida, cuando me preguntó: “¿quieres que te anime?” Le respondí que me encantaría.

- “Me han operado 19 veces, tengo leucemia, ya he vivido 5 años de regalo, y ahora se me han roto de repente los ligamentos del pie simplemente por desgaste”.
Me lo dice con buena cara, su rostro emana dulzura, tranquilidad, sosiego… No pude más que sonreír y agradecer su detalle.

Como dicen los psicólogos, siempre hay alguien que está peor que uno, y no por ello pierden la sonrisa o el buen talante. Y por ello debemos sentirnos afortunados. Yo se que lo soy, y que en pocos días andaré como una gacela.

viernes, 14 de mayo de 2010

Éxito solidario

Dulós:
Somos solidarios. Así lo demostramos en el rastrillo organizado por la diseñadora Sara Navarro y cuyos beneficios son para los proyectos de investigación que apoya la Fundación Sandra Ibarra de Solidaridad Frente al Cáncer. Se vendieron muchísimos zapatos, así como llaveros, bolsos, camisetas… Comprar cualquier objeto estaba bien con tal de colaborar.

Sara Navarro, que también ha padecido cáncer, ha querido unirse en esta ocasión a la modelo Sandra Ibarra para concienciar y explicar que “de el cáncer se sale”, y que la prevención y los hábitos saludables son fundamentales. Ellas son un claro ejemplo de esta victoria a la enfermedad. Muchos otros rostros conocidos también quisieron acercarse a poner su granito de arena.

Yo estuve dos tardes en el rastrillo ayudando en lo que pude. Y os quiero contar una anécdota: recuerdo el caso de unas señoras que entraron en la sala y estuvieron mirando y remirando los zapatos durante largo tiempo. Y dijeron a nuestra compañera Virginia, que también colaboraba con la Fundación: “yo buscaba unos zapatos cerrados…” A lo que mi amiga respondió: “pues esto no es una zapatería”.

Me encontré con un caso parecido. A las señoras en cuestión les expliqué que los zapatos expuestos estaban muy bien de precio, y que, si los compraban, ayudaban en la investigación del cáncer. Me respondieron: “si, si, muy bien”, pero dieron media vuelta y salieron de la sala sin comprar nada. Si en la entrada decía claramente: Rastrillo Solidario Frente al Cáncer, no entiendo por qué entraron personas que ni tan siquiera tuvieron el detalle de comprar un blog de 5 euros.

jueves, 29 de abril de 2010

¡Toda ella era vida!

Dulós:

Recuerdo el día en que conocí a Ester. Era una chica guapísima y muy simpática. Tan solo tenía 16 años, y yo, 24. Lucía una melena rubia larguísima color oro. Y lo que más llamó mi atención fueron sus ojos color mar de verano y su viva mirada. Era la noche en que se celebraba “el baile de las chicas” del Carnaval de Palamós, en Girona, en el que las mujeres vamos con una máscara para no ser reconocidas por nuestras parejas, y así, jugar al “ligoteo” travieso, picante, y, algunas veces, premeditadamente perverso. A escondidas, Ester me mostró su rostro y yo el mío. Habíamos tropezado unos segundos antes la una con la otra, nos reímos, y ya no nos separamos en toda la noche. Ni nunca más… Al ver su cara, enseguida supe quien era ella. Sabía que hacía pocos días había empezaba una relación con mi ex novio, Mitus. Un chico guapísimo y muy buena gente al que yo seguía queriendo mucho, pero que dejamos de salir porque nuestros caracteres eran difíciles de congeniar… y Ester sabía también que yo había sido la pareja de su chico durante tres años. Al descubrirnos el rostro y reconocernos… nos miramos con sorpresa. Sonreímos, y nos fuimos a bailar. Enseguida nos dimos cuenta de que éramos dos chicas muy parecías, con personalidades fuertes. Lo notamos ambas, y disfrutamos de la recién estrenada amistad como dos niñas.

Esa noche, entre copa y copa, Ester y yo sentimos la necesidad de ir al baño. Como la fiesta se celebraba en un entoldado y no había aseos, decidimos ir detrás de las barcas que yacen sobre la arena de la bahía de Palamós… y en ese momento me dijo: “me gusta mucho Mitus”. Y yo le conteste: “a mí también”. Ester, en vez de verme como una adversaria, ya demostró su gran corazón e intentó no hacerme daño: “a ver como lo solucionamos como buenas amigas” Esa noche fue el inicio de una buena, sincera y preciosa amistad. Ya demostró la gran persona que era. Desde entonces siempre me respetó. Y yo a ella. Y nunca dejamos de ser amigas. Ella fue novia de Mitus durante 3 años. Luego, cortaron. Nuestra amistad siguió. Solo nos ha podido separar la muerte.

Ester tenía poco más de 20 años cuando le diagnosticaron cáncer linfático. Hasta entonces, aun siendo pareja de mi ex novio, habíamos compartido noches de fiesta y juerga. Al saber de su enfermedad, necesitaba llorar, desahogarse, hablar… Quedamos a cenar en un coqueto restaurante de Palamós, el “Vostra Llar”. Nunca he olvidado estas palabras a media cena: “Dulós, cada noche sueño que estoy en un ataúd, muerta, y me niego a ello, ¡no voy a permitir verme así!”.

Qué gran luchadora ha sido siempre Ester. Y valiente. Por supuesto que superó ese bache. Y llevó la enfermedad con una gran fuerza. Y sin perder nunca la alegría y la esperanza. El maldito cáncer le dio muchos sustos. Y la hizo sufrir mucho físicamente. Pero Ester nunca perdió la sonrisa, ni su forma de ser vital, alegre, simpática. Ni cuando la enfermedad finalmente le atacó duramente el pulmón y el nervió ciático. Toda ella era vida.

Su madre murió de cáncer linfático cuando ella era una niña. Ester, desde que nació, siempre ha sido una persona rebelde, anti normas... ¡se sentía como un pájaro libre! Parecía querer demostrar a sus seres más queridos que ella era inmortal. Y a sí misma. Pero en el fondo de su corazón, la ausencia prematura de su madre por esa grave enfermedad la marcó. Nunca me lo dijo, pero creo que saboreaba tanto la vida porque sentía que se le escapaba segundo a segundo. Ella lo sabía muy bien. Pero nunca permitió que los que la queríamos, lo supiéramos. Aunque yo la he escuchado llorar a medianoche…

Hace 12 años que vivo en Madrid, pero ni una vez de las que he viajado a Catalunya he dejado de ir al restaurante de Platja d’Aro propiedad de su familia donde ella trabajaba, para darle un beso, un abrazo. Es un precioso local donde te sirven el mejor pescado y marisco de la Costa Brava. Ester era la persona que te hacía subir a los cielos vendiéndote lo mejor del mar Mediterráneo y su padre te lo servía en la mesa…

Cuando la visitaba, siempre sacaba una botella bien fría de vino blanco y se sentaba conmigo a beberla. Aunque fuera unos pocos minutos. Era muy generosa. Nunca le dio importancia al dinero. Porque ella no quería bienes, sólo quería vivir. ¡VIVIR! ¡Y así lo hizo!

Sé muy bien algunas de las cosa que le gustaban a Ester. Su familia. Sus hermanas. Su madre. Ser amiga de sus amigos. Reír. Hablar. Las cosas sencillas de la vida. Una flor. Sentirse guapa. Y sexy. Ir a dormir de madrugada. Ser cariñosa. Sus perros. Viajar. Ser responsable en su trabajo. Bañarse en el mar cuando sale el sol. Que la quisieran. Las fotografías de su familia de su casa. Ir de copas. Su barraca.

Recuerdo que en uno de mis últimos viajes a Palamós, fui a buscar a Ester a su casa, a su “barraca”. Me recibieron sus perros. Esta era su vida. Natural. Llana. Campechana. Sencilla. Auténtica. Se arregló, se pintó, se puso preciosa. Insistió en que me retratara con las fotos de ella y su familia que adornan las paredes de su casa. Como se veía fea porque había vuelto a perder el pelo por culpa de la quimioterapia, me pidió que la recordara bonita siempre, preciosa. Parecía que intuía su final.

La última vez que la vi fue las pasadas navidades. Desde que yo caí enferma, también de cáncer, Ester no me ha dejado sola. Me ha llamado constantemente. Me ha dado fuerzas, me ha contado sus experiencias, me ha dicho que la quimio no es nada, me ha hecho reír con sus bromas, me ha hecho llorar de emoción… El 24 de diciembre viajé de Madrid a Cataluña, y cené con mi familia. El 25 también comí con ellos. Es tradición familiar. Y a la primera persona que quise ver de todas las amistades que tengo en la Costa Brava, donde me crié, fue a Ester. Quería agradecerle todo el amor que me había dado. Era el día de navidad y después de comer me acerqué a su restaurante. Estaba cerrado al público, pero vi gente dentro. Su familia celebraba la fiesta en el local. Me abrieron la puerta, y Ester… ¡su cara lo dijo todo! Me abrazó, me besó, me sentó a su lado, me cuidó, me invitó… La vi tan feliz… pero no lo estaba tanto.

La veía guapísima. Pero ella, aunque intentaba esconder sus emociones, yo, que la conozco muy bien, noté que se sentía poco guapa… ¡y mira que estaba preciosa! Llevaba un gorrito de piel muy bonito que la hacía muy mujer. Pero Ester no paraba de decir que sin pelo estaba horrible, que había tardado diez años en volver a tener su larga melena, y que ahora, debía esperar otros diez años para volver a verse bien. Le costó, pero se quitó el gorro. Tenía mucho calor. Le dije: “estás maravillosa, como siempre”. Sonrió, y me respondió: “nunca me lo quito… No me gusta verme así”. Y me aseguró que nunca se lo quitaba en público.

Ese día Ester volvió a sacar su fortaleza y energía ante todos. No dejó que la vieran derrumbarse. Pasamos la tarde muy animadamente charlando y riéndonos. Vi como su familia la cuidaba y piropeaba. Por la noche, todos nos fuimos a tomar una copa a un pub de Platja d’Aro. Hacia las dos de la madrugada, su padre estaba cansado. Dijo: “Ester, te llevo a casa”. Pero Ester tenía ganas de más fiesta, como siempre. Y le dijo a su padre: “Dulós me lleva a casa”. Su padre no se fiaba… Después de mucho hablar, porque él insistía en dejarla él mismo en su cama “sana y salva”, dijo: “de acuerdo”. Sabía que yo la dejaría en casa, y bien. Me sentí orgullosa. Y por supuesto que la acompañé. Llegamos, saludé a sus perros, entré con ella, esperé a que se acostase. Le di un beso de buenas noches…

Al día siguiente llegué a su “barraca” al mediodía. Estaba todavía acostada. Le canté una canción animada, pegó un bote en la cama y me chilló: “loca”. Se duchó, se vistió y nos fuimos al restaurante. ¡Allí comimos con su familia un menú espectacular! Por la tarde, me dijo que estaba muy cansada, que necesitaba echarse, que habíamos salido la noche anterior y que su cuerpo no aguantaba tanto como antes… Al irme, me dijo: “Dulós, ven a pasar unos días en mi casa. Las dos solas. Por favor, ven pronto, lo pasaremos muy bien. Te quiero mucho.” Le dije: “En cuento pueda, volveré”. Y me dijo: “Pero ya, eh?” Y le contesté: “Te lo prometo. Quiero venir a cuidarte.” Fueron nuestras últimas palabras…

Mi hermana me llamó y me dijo: “Ester ha muerto”. Le dije que me engañaba, que no podía ser, que Ester no podía morir, que no podía dejarme…

Pedí a mis padres que le llevaran un ramo de flores. Nada de una corona, porque seguro que la odiaría, nada de un ramo serio… Le dije a mi madre que a Ester le gustaría un ramo primaveral, con flores de campo, sencillas, frescas, olorosas, y con un gran lazo naranja… Y así lo hizo.

Y yo, con lágrimas en los ojos, cené caviar de salmón. Y con un susurro, murmuré: por ti, ¡querida amiga!

Siempre te recordaré… siempre. Me niego a olvidarme de ti. ¡Te quiero, Ester!







viernes, 9 de abril de 2010

Sigo viva!

Durante los días 21, 22 y 23 de abril tendrá lugar en el Hotel Vincci Soma - c/ Goya 79, de Madrid, un rastrillo solidario de la colección de calzados de yutes ecológicos Sara World. Son diseños realizados en algodón y seda 100%, de forma artesanal con componentes naturales y su proceso de elaboración es manual.

Los beneficios de este rastrillo solidario, se destinarán a los proyectos de investigación que apoya la Fundación Sandra Ibarra de Solidaridad Frente al Cáncer.

Vuestra solidaridad es fundamental.

http://www.youtube.com/watch?v=q9MTE7MQfGc (Video promocional del mercadillo solidario)



Nos vemos allí! Besos grandes, fuertes y cariñosos!