viernes, 10 de octubre de 2008

Yo me salvé en Barajas

Dulós:
Las lágrimas no me dejaban ver el enorme plato de arroz que el camarero me había servido. Yo sabía que casi no lo iba a probar. Edu había decidido llevarme a comer paella, que es nuestro plato preferido. Y así, sin darme cuenta, estaba sentada en uno de los restaurantes más caros y famosos de Madrid. Pero yo tenía cáncer de mama. Cáncer. No era posible. Me lo acababan de decir y mi pareja pretendía que comiera. Que bebiera. Que viviera. Que hiciera como si nada. Me decía que me curaría. Que me lo habían encontrado a tiempo. Que yo era fuerte… ¡Y qué sabía él! ¿Y qué sabía yo misma? Sólo podía balbucear entre sollozos que la gente moría de cáncer, y mi mente se imaginaba a mi cuerpo encerrado en una oscuridad espeluznante. Yo notaba a Eduardo inquieto y confundido. A la vez, me daba la mano y me miraba a los ojos con expresión compungido. Demasiados sentimientos juntos que me atemorizaban y confundían todavía más. De repente, una llamada telefónica al móvil de Eduardo nos trasportó a la realidad. Era su heramano Jorge: “un avión se ha estrellado en Barajas. Iban 172 personas a bordo”. Al oír la noticia mi corazón dio un vuelco. Me estremecí. Dejé de llorar en seco. “No puede ser, es espantoso”, le dije a Eduardo. A menudo escuchamos noticias de accidentes de avión, pero nos quedan demasiado lejanas. Éste, lo vivimos como si uno de nuestra propia familia viajara en él. Había pasado en España. En Madrid. Nosotros mismos podíamos haber viajado en ese aparato. “¡Qué horror!, exclamamos”. A partir de conocer la noticia, Eduardo conectó su móvil a Internet y estuvimos el resto de la comida leyendo las cada vez más inquietantes y trágicas noticias que llegaban del aeropuerto de Madrid. A los postres, lloré por los muertos de Barajas. Ya no tenían ninguna ilusión, perspectiva, anhelo ni esperanza. Sólo tinieblas. Pero también volví a llorar por mí. Aunque yo sí podía tener sueños, deseos y ambiciones que cumplir. Sólo me faltaba ánimo y aliento. Y no era poco. Me sequé las lágrimas y esbocé una leve sonrisa al camarero cuando le dije adiós.
Eduardo:
Ciertamente la cara de Dulós lo decía todo, estaba desencajada. Hablamos de muchos temas, de todo lo que se nos ocurría, y en cuanto salía el tema del cáncer, yo sacaba otro, y desviaba la conversación. Reconozco que esta estrategia no le gustaba nada de nada, pero no encontraba otra manera de sobrellevar mejor la difícil situación. No es que el momento, la noticia, no fuera grave, que lo era, o que un servidor no entendiera dicha gravedad. Es que incluso ahora, a día de hoy, no veo otra manera de reaccionar o de apoyarla por mi parte. Uno se puede recrear en las desgracias pero entiendo que no merece la pena. De ahí mi interés en intentar desviar la atención. Hay que ser práctico, o eso pienso: el diagnostico no es pecata minuta, el susto había sido mayúsculo, y Dulós estaba en el primer paso, pero aún le quedan quinientos más, así que vamos a tratar de llevarlo de la mejor manera posible. Obviamente para ella, yo no tengo ni idea de lo que le pasa, ni de lo que va a suceder a partir de ahora. ¡Cuanta razón tiene!..

2 comentarios:

Ana dijo...

Hola Dulòs, yo también tengo cáncer de mama. El primer cáncer me pilló con una bebé de un mes y tras 11 años he tenido una recaída. Ahora me han quitado el pecho y reconstruido. Tú tienes una suerte que yo no tuve entonces, estás llena de información, yo no conocía nada, no había internet, la palabra cáncer era igual a muerte, solo nosotras sabemos que no hay palabras para describir estas sensaciones. Tengo 45 años como tú y me llevan en el IVO de Valencia. A ti te ha dado por contar tu experiencia. A mí me dio por cocinar. Te lo digo porque si quieres pasar por mi blog estás invitada. Lo empecé sin hacer mención a la enfermedad pero luego ha ido surgiendo de todo, espero tu visita.
Has comenzado una gran labor para ti, porque te servirá de desahogo y para los demás porque nos ayudas con tus palabras a identificarnos en nuestros anhelos. Hay sensaciones, vivencias que ya no volverán, nos han arrancado algo que nos distingue como mujeres, como madres, como esposas, como parejas, no hay palabras. Tu pareja no quiere recrearse en la tragedia, a mi marido le sucede igual, hacen bien, cuántas veces he agradecido su forma aparentemente tan inconsciente de ver la enfermedad. A este proceso muchas veces tendrás que cerrarle los ojos y dejarte llevar porque sino te vuelves loca.
Voy a seguir leyendote, me habían hablado de ti y he venido corriendo a buscarte. Harás amistades muy buenas a través de la red, ya verás. Para mí ha sido una experiencia fantástica.
Un abrazo muy fuerte.
Ana

♥...Mo...♥ dijo...

he leido las dos primeras entradas a tu blog y siento que leo sobre una mujer valiente que decidio dar testimonio de optimismo, decidi seguir leyendo en el orden de esta historia, como quien lee un libro. Me impacto tu historia que hasta ahora empiezo a conocer... Dios te bendiga...