martes, 14 de octubre de 2008

Estas fotografías las tomé en Thailandia:

El cáncer me puede matar; pero por fortuna, lo tengo todo a mi alcance para luchar contra él. A estos niños les puede matar, sencillamente, el hambre. Y ellos, sólo disponen de sus manos para enfrentarse a cualquier adversidad que se les presente en la vida. Estos días, cuando alguna lágrima resbala por mi mejilla, miro estas fotografías. Ellos, tan pequeños e indefensos, luchan por sobrevivir igual que yo, pero sin un cáncer que les oprima las entrañas. Estos niños deberían estar jugando... y yo, no debería llorar tan sólo por respeto a ellos.




















1 comentario:

Ana dijo...

Déjame que te acerque mi opinión.
Cada ser humano vive unas circunstancias distintas. Ni tú eres culpable de la situación de estos niños. Ni en nombre de ellos puedes justificar tu lucha. Tu lucha, como la mía, como la de tanta gente afectada por esta enfermedad, es la respuesta a una señal que nos ha mandado la Naturaleza. No busques excusas para dejar de llorar, llora cuanto necesites, lo que te pida el cuerpo, llorar es sano, es humano. No te reprimas, el respeto hacia ti misma empieza por tu aceptación. Yo, esta segunda vez, lo acepté desde el principio, previos lloros evidentemente, y al final este verano me derrumbé, ahora remonto, voy hacia la segunda parte de la reconstrucción, sigo viva. Como ves, hay una mezcla de emociones y todas son nuestras, desde nuestro silencio y soledad porque el dolor, aunque se comparta, no es menos doloroso.
Un abrazote.
Ana