martes, 11 de noviembre de 2008

Quimioterapia, Sí


Dulós:
“Tendrás que someterte a quimioterapia. Tu caso es muy complicado. En su estudio he empleado mucho tiempo.” Así me comunica la doctora Laura García Estévez la fatal noticia. Al hablar, la médico me mira directamente a los ojos, y utiliza una voz dulce pero firme y contundente. Yo, hacía días que estaba nerviosa. Cuanto más se acercaba la cita con la oncóloga, más me dolía el estómago y más inquieta me encontraba. Tenía el presentimiento de que me diría que sí debía recibir quimioterapia. Y yo misma me tranquilizaba pensando que lo primero era conservar la vida, que las sesiones pasarían rápido, que mi fortaleza me impediría caer en un pozo profundo… Pero no cabe duda de que una ínfima esperanza me mantenía animada, pensaba que quizá tendría suerte y no tendría que pasar por este tratamiento tan duro… Al recibir la noticia me quedo inmóvil, con la mente en blanco. No siento nada. No digo nada. No estoy asustada.

Mis sentimientos ante la quimioterapia son contradictorios. ¿Quizá es que en el fondo deseo recibir quimioterapia? Si me hubieran dicho que no, ¿siempre me habría quedado la duda de que alguna célula maligna campara a sus anchas por alguna parte de mi cuerpo? ¿Hubiera tenido desesperantes pesadillas en las que me anunciaban que el cáncer reaparecía en mis pulmones o en mis huesos? Me aterra recibir el tratamiento, pero también me aterra irme a casa sin él.

“¿La prueba del fish her2 ha salido positiva?”, le pregunto a la doctora Estévez? Incomprensiblemente me contesta que no, que ha salido negativa. Me quedo estupefacta. No entiendo nada. Tantos días esperando el resultado negativo de ese análisis clínico que determina la virulencia del cáncer y ahora no sirve para salvarme del infierno de mi deterioro físico. La médico, como siempre con su discurso sencillo y claro, me argumenta que he padecido un tipo de cáncer en el que que sus células se multiplican a una velocidad de vértigo. Demasiado rápido. Y me da una serie de datos más de mi enfermedad que, todos juntos, no dejan lugar a dudas para el tratamiento de quimioterapia.

Ahora me siento realmente enferma. Enferma de verdad. Cuando me dijeron que tenía cáncer sabía que estaba localizado en mis senos, porque después de practicarme multitud de pruebas, no tenía metástasis. Una vez extirpados, estaba libre de ese maldito mal que podía acabar con mi vida. El demonio había abandonado mi cuerpo. Pero ahora, al anunciarme el tratamiento de quimioterapia, me siento desprotegida, indefensa, desarmada, como si miles de alimañas preparadas para atacar pasearan libremente por mi cuerpo acechando mis órganos.

El 25 de noviembre, a las 5 de la tarde, recibiré la primera sesión. En total, serán 6, una cada tres semanas. En el hospital me han dado un libro en el que me explican todo lo que debo saber sobre la quimioterapia. He podido leer algunos de sus devastadores efectos: náuseas, vómitos, cansancio, alopecia, mucositis y conjuntivitis. Estoy asustada. Lo que peor llevo es la caída del cabello. Me horroriza pensar en el día en que me vea ante el espejo totalmente calva. Todo el mundo me dice que es poco tiempo, que luego me crecerá el pelo más fuerte y más sano, que hay pelucas maravillosas… Pero no soy capaz ni de pensar en ese momento. Cuando me lo imagino, me entra ese dolor típico de estómago previo al lloro. No tengo pechos, y ahora, no tendré cabello. Serán momentos duros, lo sé, pero es lo que me toca vivir. Y menos mal que puedo decir “vivo”.

Eduardo:
El día de hoy ha sido complicado, toda la mañana preguntandonos que diría la oncóloga y, por supuesto, agarrandonos como locos a la última visita en la que nos dijeron que quizás podríamos librarnos de la quimio… Pero por desgracia va a ser que no, el cáncer de Dulós era “virulento”, así que la doctora nos explica los resultados de las últimas pruebas, tiene la decisión tomada de antemano, pero aun así prefiere explicarnos muy llanamente cuales han sido y Dulós, con esa entereza que lleva demostrando desde el primer día, decide sin ninguna duda someterse al tratamiento. ¡Qué puedo decir!!!. Un momento de susto, un par de miradas entre nosotros y ya está, a mentalizarse y a prepararse para lo que haga falta.

2 comentarios:

rosa dijo...

Hola Dulós, acabo de llegir el teu blog. Tens l'angoixa per la quimoterapia, ho sé, preciosa meva, però la teva manera d'afrontar la realitat et fa més forta dia a dia.Només es pot destruir la feblesa.Agafa la teva motxila i camina.
Una abraçada per tu i l'Edu ( el guardià del teu castell )

Tieta Rosa

Ana dijo...

Ya verás como es menos de lo que parece. Hoy los tratamientos para los vómitos están muy adelantados. Te puedo decir que a mí me han dado 3 ciclos de 21 dias y 6 semanales, total 9 y no he vomitado ni un solo día, al contrario, lo que he hecho ha sido guisar y guisar como puedes ver en mi blog. Estarás un poco cansada y decaída pero no temas, todo pasará.
Yo no esperé a que me cayera el pelo esta segunda vez, es horrible, decidí raparme la cabeza antes y luego resulta que no me caía, ríete!!!!, pero al fin me cayó. Me hice una prótesis y resulta que luego me molestaba y me veía mejor con los sombreritos, me compré un montón, hasta amigas blogueras me regalaron.
Animo y un fuerte abrazo.
Ana